Pastor´s Message
This week, on May 13, we celebrated Our Lady of Fatima and her appearance over the course of 1917 to the three Pastorinhos, Lucia, Francisco and Jacinta, in Fatima, Portugal. These kids were doing their chores – in this case tending their families’ sheep – when the Mother of God appeared to them and prayed with them. They were only 10, 9 and 7 years old, respectively, and so once again we “grown-ups” must marvel at what this tells us about Mary. Apparently (pun intended) she desires to make Herself visible and pray with kids and in humble circumstances more than with theologians, clergy and church-professionals in formal gatherings…
In these marvelous moments of prayer Mary spoke to Lucia, Francisco and Jacinta of praying the rosary daily, praying for the conversion of sinners and for peace throughout the world. While the kids were probably aware of the Great War that was in its fourth year in Europe, it’s hard to imagine they knew anything about Vladimir Lenin and the communists taking over Russia. In fact, Lucia later said she thought Mary was asking them to pray for a girl named “Russia.” Like St. Juan Diego in Mexico, they were acting as messengers of Mary to the powers of the world – urging prayer, penance, conversion and consecration. In these ways, Our Mother explained, souls would be brought to Jesus Her Son and the world might experience real peace.
Over a century later we are still praying. Mary warned us, through them, that if Russia weren’t consecrated to Her Immaculate Heart, it would “spread its errors throughout the world, causing wars and persecutions of the Church.” The twentieth century witnessed this unfolding: millions killed by communists in Europe, Asia, Latin America and Africa. Though the Soviet Union collapsed, we continue to pray for conversion and pray for peace. Our Venezuelan, Nicaraguan and Cuban parishioners can testify to the persecutions the Body of Christ still endures. I can assure you from my time in Chile and Peru – and from friends visiting China – that many still really believe the marxist and communist lies. So, we join with Mary and the Pastorinhos (now Saints!) Lucia, Francisco and Jacinta in praying the Rosary for conversion of hearts to Jesus and peace. As we do, we include “the Fatima Prayer” in our rosaries after each decade: “O my Jesus, forgive us our sins, save us from the fires of hell, and lead all souls to Heaven, especially those in most need of Your Mercy.”

Next week we are celebrating Pentecost Sunday. Every Sunday is a celebration of Jesus’ Resurrection and for the past 40 days we have been in the Easter Season. Yet we always have particularly resplendent joy at Pentecost. At St. John Vianney Parish we are from many places around Arizona, the USA, Mexico and the world. Just as the crowd gathered on the first Pentecost and heard the Good News in all their many languages, we do the same here. We have families whose first language is Arabic, Vietnamese, Filipino, Polish, Spanish and English, Swahili – yet we are one in Jesus Christ. Though the body has many parts, yet is one body, so we are many and diverse yet One in Christ! (1Cor 12:12) May He be praised and glorified now and forever!

Mensaje del párroco
Esta semana, el 13 de mayo, celebramos a Nuestra Señora de Fátima y sus apariciones, ocurridas a lo largo de 1917, a los tres Pastorinhos (pastorcitos) —Lucía, Francisco y Jacinta— en Fátima, Portugal. Estos niños se encontraban realizando sus tareas cotidianas —en este caso, cuidando las ovejas de sus familias— cuando la Madre de Dios se les apareció y rezó con ellos. Tenían tan solo 10, 9 y 7 años de edad, respectivamente; por ello, una vez más, nosotros los adultos debemos maravillarnos ante lo que este hecho nos revela acerca de Madre María. Al parecer, ella desea hacerse visible y rezar con los niños —y en circunstancias humildes— más que con teólogos, curas y profesionales de la Iglesia en reuniones formales…
En estos maravillosos momentos de oración, María habló a Lucía, Francisco y Jacinta sobre la importancia de rezar el rosario a diario, de orar por la conversión de los pecadores y de pedir por la paz en todo el mundo. Si bien es probable que los niños supieran de la Gran Guerra que ya cursaba su tercer año en Europa, es difícil imaginar que supieran algo sobre Vladimir Lenin y el golpe de estado por parte de los comunistas en Rusia. De hecho, Lucía relataría más tarde que pensó que Madre María les estaba pidiendo que rezaran por una niña llamada «Rusia». Al igual que San Juan Diego en México, ellos actuaron como mensajeros de María ante los poderes del mundo, exhortando a la oración, la penitencia, la conversión y la consagración. De este modo —explicó nuestra Madre— las almas serían conducidas hacia Jesús, su Hijo, y el mundo podría alcanzar la paz.
Más de un siglo después, seguimos rezando. María nos advirtió —a través de ellos— que, si Rusia no era consagrada a su Inmaculado Corazón, esta «difundiría sus errores por todo el mundo, provocando guerras y persecuciones a la Iglesia». El siglo XX fue testigo del desarrollo de estos acontecimientos: millones de personas fueron matadas por los comunistas en Europa, Asia, América Latina y África. Aunque la Unión Soviética se desmoronó, seguimos rezando por la conversión y por la paz. Nuestros feligreses venezolanos, nicaragüenses y cubanos pueden contarnos de las persecuciones que el Cuerpo de Cristo aún padece. Puedo asegurarles —basándome en mi propia experiencia en Chile y el Perú (así como en los testimonios de amigos que han visitado China) que muchas personas todavía creen firmemente en las mentiras marxistas y comunistas. Por ello, nos unimos a María y a los pastorcitos —¡ahora santos!— Lucía y Francisco y Jacinta, al rezar el Rosario por la conversión de los corazones a Jesús y por la paz. Al hacerlo, incluimos «la Oración de Fátima» en nuestros rosarios después de cada decena: «Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.»

La próxima semana celebraremos el Domingo de Pentecostés. Cada domingo es una celebración de la Resurrección de Jesús, y durante los últimos 40 días hemos estado viviendo el Tiempo Pascual. Sin embargo, en Pentecostés experimentamos siempre una alegría particularmente resplandeciente. Como parroquia de San Juan Vianney, provenimos de muchos lugares de Arizona, de los Estados Unidos, de México y del resto del mundo. Así como la multitud reunida en el primer Pentecostés escuchó la Buena Nueva en sus múltiples idiomas, nosotros hacemos lo mismo aquí. Tenemos familias cuyo idioma materno es el árabe, el vietnamita, el filipino, el polaco, el español, el inglés o el suajili; y, sin embargo, somos uno en Jesucristo. Aunque el cuerpo tiene muchas partes, sigue siendo un solo cuerpo; ¡así también nosotros somos muchos y diversos, pero uno en Cristo! (1Cor 12:12). ¡Sea Él alabado y glorificado ahora y por siempre!

